No la versión de fantasía. La realidad hora por hora, para que nada te pille por sorpresa.
Antes de ir
- Solicitaste, pasaste la selección, leíste las reglas. Por eso la sala es segura: todos los demás hicieron lo mismo.
- Lleva tu resultado de pruebas y lo que haya pedido el anfitrión. Muchos encuentros son de traer algo cada uno: los gastos se reparten y nadie gana dinero.
- Decide tus límites en casa, en calma. Escribirlos es mejor que improvisar luego.
La primera hora es una fiesta, no una escena
- La gente llega, come, bebe, habla. Nada sexual empieza en la puerta: empieza cuando la sala se ha templado, y a menudo horas después.
- Los juegos rompen el hielo a propósito. Empiezan suaves y solo suben con consentimiento, paso a paso.
- Si esa noche no pasa nada para ti, es una primera visita completamente normal. Nadie lleva la cuenta.
Durante
- Tu señal dice a qué estás abierto ahora, y puedes cambiarla cuando quieras.
- Un "no" termina cualquier cosa al instante, sin deber explicaciones. El silencio también: solo un sí entusiasta es un sí.
- Mirar es participar. Mucha gente pasa su primera noche observando, y nadie lo menosprecia.
Después
- Por la mañana se recoge entre todos. Es parte de la cultura, no una tarea que se le deja al anfitrión.
- No existen fotos. No se intercambiaron nombres. Nada te sigue a casa.
Las reglas que sostienen todo esto
- Consentimiento pleno, siempre. Cruzar un límite marcado significa expulsión permanente.
- Nada doloroso, dañino o lesivo. El dinero nunca circula.
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